Más allá del cartón y el metal, un circuito silencioso sostiene la economía popular: la reventa de objetos recuperados. Ferias, subsistencia y dignidad ambiental.
🌱 La subsistencia no se prohíbe
La economía de subsistencia es anterior al Estado y sobrevive a los vaivenes del mercado. No nace de un decreto, sino del hambre, la exclusión, el ingenio y la necesidad de vivir con lo que otros desechan.
Desde hace décadas, los cartoneros, cirujas, botelleros y “buscas” construyen desde la calle una lógica alternativa al consumo descartable. Salvan objetos, salvan historias y también salvan al planeta. Recuperan lo que el sistema desprecia. Y en esa tarea invisible, cotidiana y obstinada, reafirman su dignidad.
🔄 Más allá del cartón: lo que se recupera también tiene alma
No todo lo que va al tacho está perdido. En cada contenedor puede haber un resto de futuro.
Junto al reciclaje industrial de cartón, plástico o metales, existe un circuito más silencioso: la recuperación de bienes reutilizables que vuelven a la vida a través de las ferias.
🛠️ ¿Qué se rescata?
- Ropa usada
- Calzado
- Muebles
- Electrodomésticos reparables
- Libros y útiles
- Juguetes
- Herramientas
- Materiales de construcción
- Utensilios de cocina
- Bicicletas, repuestos
- Electrónica descartada
- Objetos de colección
- Accesorios y textiles para estopa
Estos bienes, olvidados por unos, sostienen los ingresos diarios de miles de familias. Son, literalmente, oportunidades recicladas.
🏞️ Ferias populares: otra forma de economía circular
En lugares como la feria de San Francisco Solano late un corazón económico popular, al margen de los centros comerciales. Son espacios de intercambio, dignidad y subsistencia.
Allí conviven tres universos:
- Feriantes tradicionales (con permisos y capital)
- “Colas de feria” (puestos precarios, herencia del saber popular)
- “Buscas” (los que llegan con lo poco que rescatan del día)
Los recuperadores urbanos no solo abastecen estos mercados. También compran en ellos. Son a la vez productores y consumidores de una economía circular real, viva y popular.
🔧 Saber reparar: el arte de la ingeniería de la necesidad
Antes de que un objeto llegue al puesto, hay trabajo previo: limpieza, reparación, reinvención.
Un pantalón remendado, una licuadora ajustada, una lámpara rearmada.
Este saber —transmitido en la calle, en la familia, en el rebusque— no solo es técnico. Es afectivo, comunitario y resiliente. Como dice una feriante: “Si no tenés zapatero, no podés vender zapatos”.
🚫 Políticas ciegas ante prácticas sabias
La política de residuos en Argentina ignora este circuito. Habla de separación en origen, reciclaje industrial, logística inversa. Pero silencia lo más humano del reciclaje: quienes lo hacen posible con sus manos.
Este sistema alternativo:
- Reduce la presión ambiental
- Genera empleo sin asistencialismo
- Revaloriza la cultura del cuidado y la reutilización
Es, en esencia, una economía circular desde abajo, aunque el Estado aún no la vea.
✊ Conclusión: reciclar también es resistir
Cada objeto recuperado guarda una historia, y cada historia es un gesto de resistencia.
Una radio que vuelve a sonar, una silla que vuelve a servir, una campera que vuelve a abrigar.
No son solo residuos. Son recursos con dignidad.
No son pobres. Son sabios del reciclado.
El reciclaje popular no es marginal: es una trinchera contra el consumo descartable, la exclusión y el olvido. En tiempos de crisis, abre caminos donde no los hay.
Y nos recuerda algo esencial:
👉 Lo que vale no siempre es nuevo. Y lo nuevo no siempre vale.
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