El reciclaje de hierro en Buenos Aires revela una economía circular precaria y desigual. Un recorrido por sus actores invisibles, tensiones sociales y desafíos políticos.
🏙️ ¿Qué dice el hierro de nuestra ciudad?
Pocos materiales condensan tan bien la historia del progreso urbano como el hierro. Presente en puentes, edificios, electrodomésticos, autos y herramientas, el hierro es parte del esqueleto oculto de Buenos Aires.
Pero, ¿qué pasa cuando ese metal deja de ser útil? ¿A dónde va el hierro cuando se convierte en basura?
Este artículo propone mirar el circuito del hierro reciclado no solo desde su eficiencia técnica, sino desde sus implicancias sociales, económicas y políticas. Porque el reciclaje, en la ciudad, también revela quién es visible… y quién no.
🔧 Del descarte a la fundición: el circuito técnico del hierro reciclado
Desde una perspectiva ambiental, el hierro es uno de los materiales más valiosos para la economía circular: se puede refundir sin perder calidad.
🔁 Las tres fases clave en la Región Metropolitana de Buenos Aires:
- Generación del residuo:
Proviene de industrias, talleres, demoliciones, astilleros y hogares. Se desechan chapas, virutas, electrodomésticos, autos en desuso, entre otros. - Procesamiento intermedio:
Chatarreras y prensadoras clasifican y compactan el hierro usando guillotinas, grúas, sopletes y maquinaria pesada. Es el momento donde el residuo se convierte en insumo. - Destino final:
Acerías como Acindar, Tenaris Siderca o AcerBrag compran esta chatarra para fabricar nuevos productos. Algunas empresas, como Scrap Service, controlan toda la cadena.
💡 En la RMBA se reciclan más de 500.000 toneladas de hierro por año, lo que representa el 65% del total nacional.
🏭 ¿Quién gana y quién pierde en la economía del hierro?
El reciclaje de hierro no está impulsado por lo ambiental, sino por lo económico.
- En la base: cartoneros, cuentapropistas y vecinos recuperan por necesidad.
- En el medio: chatarreros que lograron formalizar la actividad tras años de estigma.
- En la cima: un puñado de acerías concentran la demanda y fijan condiciones.
📉 ¿Un mercado libre? No tanto…
Estamos ante un oligopsonio: pocas empresas compradoras, como Techint o Acindar, dominan el precio del hierro. Además, un arancel del 40% a la exportación de chatarra bloquea la competencia extranjera y favorece a la industria nacional.
Mientras tanto, buena parte de la red de recolección sigue informal, precarizada e invisible.
🌱 Reciclar sin saberlo: impactos ambientales no buscados
Aunque el reciclaje del hierro permite grandes beneficios ambientales, nadie en la cadena lo hace por convicción ecológica:
- Ahorra hasta 75% de energía respecto a la producción primaria.
- Evita extraer 1,5 toneladas de mineral por cada tonelada reciclada.
- Usa menos agua y emite menos gases contaminantes.
Sin embargo, estos beneficios son colaterales, no planificados. No hay políticas públicas que reconozcan ni potencien este impacto positivo desde una lógica de justicia ambiental.
🧠 El hierro no tiene buena prensa
Socialmente, el trabajo del reciclaje de hierro sigue estigmatizado.
- Mientras el ingeniero es aplaudido por construir estructuras, el chatarrero es mirado con sospecha.
- Aunque su tarea es legal y clave para la ciudad, se asocia a lo sucio, lo ilegal o lo marginal.
Incluso a nivel barrial, los galpones de chatarra generan tensiones: por ruidos, tránsito o polvo. Pero pocas veces se reconoce el trabajo real que hay detrás: logística, inversión, maquinaria y riesgo.
🚫 Un Estado que interviene mal y tarde
Lejos de potenciar esta economía circular, el Estado aparece ausente o contraproducente:
- El arancel a la exportación favoreció a las grandes acerías.
- Los municipios solo aplican controles de higiene y seguridad.
- No hay líneas de crédito, innovación tecnológica ni incentivos a la formalización.
El reciclaje de hierro funciona a pesar del Estado, no gracias a él.
✅ Conclusión: hierro, reciclaje y justicia
El reciclaje de hierro en Buenos Aires es un espejo: muestra cómo puede funcionar una economía circular sin conciencia ecológica ni justicia social.
Sí, se recicla. Sí, se evita contaminación. Pero ¿a costa de qué?
¿Quiénes hacen posible esta cadena y por qué siguen siendo invisibles?
Si queremos un modelo de ciudad más sostenible, el reciclaje no puede ser solo técnico: debe ser también inclusivo, democrático y justo.
Porque el hierro, símbolo del progreso, también puede ser símbolo de una transformación más profunda: la que ponga en valor a quienes cargan con el peso del desarrollo… sin ser reconocidos.
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