En el Centro Verde de Caballito funciona el taller de reparación de bicicletas que tiene como premisa fundamental, enseñar a cada persona para que pueda aprender a arreglar su propia bici.
Un pizarrón enorme en una de las paredes en el taller comunitario de mecánica de bicis del Centro Verde de Caballito, al que bautizaron Galgo Supernova, recibe a los visitantes y explica algunas cuestiones básicas. Al dibujo de una tuerca, lo acompañan dos flechas: una hacia la derecha que dice: “Ajusta” y otra, hacia la izquierda que aclara: “Afloja”. Mariángeles y Tomás son los coordinadores del taller que funciona los martes y viernes de 9 a 12 y los miércoles y jueves, de 18 a 21, en el predio de Yerbal y Nicasio Oroño.
“El funcionamiento de las tuercas se puede aplicar también a la política: el ajuste corresponde a la derecha y con la izquierda, se afloja ese ajuste”, dice Mariángeles. Y aclara una idea central de este taller, abierto a toda la comunidad, que es que a cada persona que llega con su bici, se le brinda el asesoramiento necesario para que salga sabiendo cómo reparar su propio vehículo de dos ruedas.
Al lado del pizarrón, hay una estantería llena de frascos con tuercas, clavos, válvulas y otros elementos importantes que forman parte de una bici. Y sobre la pared de enfrente, un tablero con todas las herramientas necesarias para las reparaciones. ”Nosotros no somos los que arreglamos, nosotros explicamos y acompañamos para que quienes vinieron acá, salgan sabiendo lo básico, por lo menos, para arreglárselas solos”, cuenta Mariángeles.
Y parte de ese acompañamiento implica que, de entrada, las personas que llegan toman en sus manos las herramientas para seguir las indicaciones de los coordinadores y así, incorporar mejor la explicación. “De esa manera, se dan cuenta cuánta fuerza tienen que hacer, cuánto ajustar. Si lo ven y después lo repiten no es lo mismo. Así el conocimiento pasa por el cuerpo y el resultado es mucho mejor”, asegura. “Además, quienes tienen que arreglar sus bicicletas no necesitan comprar herramientas que son muy específicas y, a lo mejor, solo las van a usar una vez”.
En el registro que van llevando en el taller, los visitantes llegan desde distintos barrios de la ciudad y también desde otras zonas del Gran Buenos Aires. “Nos gusta tener un mapeo de quienes vienen. Tenemos registrado que, aunque la mayoría son varones, hay un 46 por ciento de mujeres y visitantes no binarios que pasaron por acá. Y en cuanto al promedio de edad, la mayoría tiene entre 30 y 40 años, pero también cada vez hay más gente de todas las edades que usa la bici como medio de transporte”, detalla Mariángeles.
Otro cartel en una de las paredes dice: “Reparar es dar una segunda oportunidad” y la frase está muy en concordancia con el espíritu de la cooperativa RUO donde el reciclado es fundamental como modo de recuperar y cuidar el medio ambiente, entre otros objetivos.
Mariángeles cuenta que pasan por el taller unas cuatro o cinco personas por día y muchas llegan inseguras de poder reparar su bici. “Al principio te dicen que no se animan pero después se van muy contentos. Incluso, algunos han vuelto como voluntarios practicantes para colaborar como agradecimiento”.
El taller también recibe donaciones de bicicletas y de partes de bicis que ahí se ponen a punto para poder venderlas a bajo precio. “De esta manera se amplía el objetivo y ya no solo vienen a arreglar las bicis sino a compartir un espacio de encuentro. Muchos nos dicen que aprovechan el espacio para hacer tareas manuales, estar con otras personas y dejar de lado por un rato el teléfono celular”, cuenta Mariángeles.
Y como parte de la comunidad que se va formando alrededor del taller también está funcionando una bici escuela para aprender a andar en bicicleta, para niños y para adultos. En ese caso, siempre con previo aviso para coordinar con un instructor o instructora, aprovechando el espacio del parque que es ideal para recorrer en dos ruedas.
Por todas estas actividades, sumadas a las del resto de los talleres y al equipo de alfabetización que funcionan en el Centro Verde de Caballito, es que los trabajadores y trabajadoras de la cooperativa RUO (a quienes se suman cada vez más vecinos) se oponen a la privatización que impulsa el Gobierno porteño y que afecta tanto a RUO como a las otras once cooperativas dedicadas al reciclado urbano. El plan de Jorge Macri, que quiere imponer un pliego de licitación que va contra la existente Ley de Basura Cero, no solo destruiría la fuente laboral de 7.000 familias cartoneras sino que, además perjudicaría el medio ambiente de la ciudad, entre otras consecuencias negativas.

