El de serigrafía es uno de los tantos talleres que funcionan en el Centro Verde de Caballito donde trabajadores de la cooperativa están en contacto con los vecinos de ese barrio y también con los de otras zonas de la ciudad.
Desde hace cuatro años, Omar, “Omarcito” para los amigos, está a cargo del taller de serigrafía en el predio de Yerbal, en Caballito. Junto a Lautaro, crean y estampan diseños en distintos tipos de prendas y recientemente, se sumó Florencia, a colaborar con el trabajo. En el taller que está en el Centro Verde, ahora hay decenas de remeras blancas con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, con la gráfica que se hizo famosa por la sábana que llegó a manos de los jugadores de la Selección Argentina durante el último Mundial. Las remeras son parte de un pedido que reciben los compañeros del taller, encargos que llegan de la propia cooperativa, de ATE (como en este caso) o de vecinos. “Tenemos una clienta que fabrica bolsas para distintos productos y desde que se enteró que acá estampamos las telas, viene seguido a hacernos un pedido grande”, cuenta, orgulloso, Omar. Y no es para menos, para él significa poder trabajar en lo que le apasiona. “Ni siquiera es del barrio pero supo del taller y nos encarga trabajo. Eso es muy importante para nosotros”.
Omar trabajó durante mucho tiempo en la planta de reciclaje de Varela, en el sector de metales. Cuando RUO organizó el Centro Verde en el predio de Caballito, le ofrecieron hacerse cargo del taller de serigrafía y él aceptó feliz. “Yo sabía lo básico y así arrancamos con una mesita y poco más. Al principio hacíamos diez o quince bolsas para ATE pero todo fue mejorando y cada vez estamos más llenos de pedidos”, cuenta.
De la mesita de los inicios, pasaron a un galpón grande con todos los elementos necesarios para hacer el trabajo. Omar explica el procedimiento: “Primero se hacen los dibujos, yo elijo los que me llenan el corazón. Es con tinta al agua. Lo que se hace es trasladar una imagen a una tela. Se mandan los diseños a una librería donde se hacen las filminas y después acá se revelan en un cuarto oscuro. Lleva otros pasos después hasta que se logra el estampado. Ahora hay un sistema nuevo que simplifica el proceso cuando hay más de tres colores en el estampado y con las planchas de calor se pegan más rápido y más barato”. Omar y sus compañeros, muchas veces combinan sus trabajos con los del taller textil. “Nos complementamos y colaboramos entre todos”, asegura.
Remeras, bolsos, buzos, banderas, lo que sea que se pueda estampar, se realiza en el taller de RUO. “Por suerte tenemos mucho trabajo y cuando bajan un poco los pedidos, aprovecho y pruebo diseños y aprendemos técnicas nuevas”, dice Omar. Muchos puesteros de distintas ferias artesanales también les encargan pedidos cada tanto. “Estamos muy contentos con los vecinos de Caballito que van conociendo el lugar y se acercan. Muchos ya saben cómo funciona este espacio y colaboran. Es una manera de cortar con la estigmatización del cartonero que hace un trabajo muy importante pero que casi nunca se ve”, reflexiona el compañero que sabe muy bien de lo que habla.
Por eso Omar está convencido de que continuar con la difusión de todo el trabajo que se hace en la cooperativa RUO es fundamental, sobre todo en este momento en el que el Gobierno porteño de Jorge Macri tiene en mente privatizar las doce cooperativas de reciclado de la Ciudad. “Nos oponemos a la privatización porque eso significaría terminar con todo esto que construimos con tanto esfuerzo”, destaca Omar. “Queremos seguir acá trabajando colectivamente y también junto a los vecinos. No vamos a permitir que se destruya nuestro trabajo”.

